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El Alto y Boltour ofrecen un turismo diferente: el encuentro con energías positivas y negativas

16 DE JULIO

La Dirección de Turismo de la ciudad de El Alto y la Empresa Boliviana de Turismo “Boltour” impulsan el turismo esotérico a través del recorrido de cuatro lugares denominados apachetas y wak’as, aprovechando el mes de agosto recordado por los ciudadanos como el mes de la pachamama y en vísperas de celebrarse el mes del turismo en septiembre.

“El Alto es ideal para practicar el turismo esotérico para enriquecer la espiritualidad de una persona, a través de las diferentes manifestaciones culturales como: ritos andinos, o ofrendas a la pachamama, lectura en hoja de coca, entre otros” indica uno de los guías a tiempo de mostrar y señalar el primer recorrido, la apacheta Jilarata, ubicado en Alto Milluni.
En este recorrido, la apacheta “Jilarata”, en medio de un frio intenso y rasgos de nieve, claramente se observan grandes pampas habitadas de pajas secas, animales del lugar y montañas bicolor: el lejano Sajama, Huayna Potosí, Mururata, Illimani y otros denominados por los que aún conservan la cultura esotérica “Achachichilas”, a quienes antes de visitarlos se pide permiso, se agradece y finalmente se obsequia una ofrenda.
El guía de turismo aclara, “El Alto es una ciudad indígena y en agosto la pachamama abre su boca a la espera de comida es por eso que se practica los usos y costumbres dirigidas a enriquecer la cosmovisión andina”.
En el segundo recorrido se observa la populosa zona 16 de julio, la wak’a “Jampathu“que los días jueves y domingos se encuentra atestada por comerciantes, compradores y curiosos, pero los demás días está vacío; solo se encuentran los amautas y maestras consejeras quemando una respectiva mesa y otras a la espera de clientes con deseos de solucionar algún problema o simplemente curiosear sobre su posible futuro.
En este lugar se dice que está enterrado el corazón de Tupac Katari, también se encuentra una pareja de zapitos con vista a La Paz (macho y hembra) de la parte delantera de las gacetas, otro zapito acompañado de la wiphala con vista a El Alto en la parte trasera y que ofrece una vista panorámica de la ciudad de La Paz así como el vértigo de estar a un par de metros de la autopista.
Es ideal para que los ciudadanos realicen las distintas costumbres y creencias heredadas desde sus abuelos ya que se caracteriza por la diversidad de prácticas ancestrales: lectura en coca, naipes, cerveza, plomo, entre otros; asimismo uno puede identificarse con una determinada creencia uno de ellos los santos, vírgenes y las ñatitas.
El tercer recorrido del turismo esotérico de la ciudad de El Alto está a aproximadamente 30 minutos de la zona 16 de julio, camino a Senkata, un lugar que divide lo urbano de lo rural, la loma llamada “Chuchulaya” o “Atipiri”, que surgió para la práctica de males como la brujería, donde se dice que varias personas, víctimas de la dictadura, fueron llevados hasta el lugar para ser torturados y asesinados.
Un lugar donde el ingreso hasta hace poco fue restringido por las malas prácticas mencionadas y que ahora es utilizado para dejar atrás las energías negativas que impulsan a realizar cosas malas incluso a actuar contra el prójimo; se dice que el que visite el lugar deberá agarrar una piedra frotarla por todo el cuerpo con los ojos cerrados y tirarlo antes irse para deshacerse de la mala energía que alberga.
Finalmente, el último recorrido está a un par de minutos del tercer lugar, la denominada loma de “Waraco”, donde uno después de liberarse de energía negativa puede recargarse de energía positiva, agradecer las bondades de la pachamama con una ofrenda y pedir algún faltante o necesidad para la familia, desde cosas espirituales hasta materiales.
Quien visite el lugar deberá challar en los cuatro puntos cardinales en sentido contrario a las agujas del reloj con el alcohol sagrado de los abuelos o la típica cerveza blanca y voluntariamente puede quemar la mesa blanca o quemar una llamita para luego enterrarlo en el lugar, la denominada “wilancha”, práctica que aún se conserva.
Para finalizar, un rico “Apthapi”, mezcla de alimentos de época en una estalla a fin de amenizar y compartir entre los visitantes; así termina el recorrido impulsado por la Empresa Boliviana de Turismo “Boltour”, al costo de 93 bolivianos para el pasajero nacional y 107 para el pasajero extranjero que incluye: pasajes de ida y retorno, explicación de los lugares a través de un guía, apthapi, refrigerio y seguro de viaje.

Esperanza Calle

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