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A tres meses de la crónica de una muerte anunciada

Pasaron 3 meses de la muerte de Siñahua

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A tres meses del fatídico día en que se registró la muerte de tres personas y luego de una semana del sargento Marcelo Siñahua, ex funcionario de la Fuerza Especial de Lucha contra la Violencia (FELCV), la tumba donde yacen sus restos en el cementerio general, cuartel 50, vista A se llenaron de flores el día lunes dos de noviembre, previa limpieza de sus alrededores.

Detrás de una regilla plateada y el nicho color naranja se encuentra esta persona que el 26 de julio de la presente gestión protagonizó presuntamente el peor de los crímenes en la zona Villa Tunari-El Alto, asesinar a tres personas para luego darse un tiro en la cien que lo dejó en estado de coma por siete días; delante de la tumba se encontraban familiares que se apostaron en el pasillo a tempranas horas de la mañana para dar una oración.

La familia aún doliente visitó el lugar para pedir una oración a cambio de pan, frutas, dulces, la típica pasankalla, refresco y el plato tradicional que a Siñahua le gustaba comer en vida; entre murmuros que rememoraron la causa de su muerte e incluso un par de reproches del porqué hizo lo que hizo, intercediendo por él ante Dios para que finalmente sea perdonado y descanse en completa paz.

Pasaron tres meses desde que  los restos del sargento Marcelo Siñahua de 40 años ingresaron por la puerta principal del Cementerio General, entre las 15 y 16 horas, en medio de la consternación, tristeza e impotencia de familiares, amigos y conocidos;  a pasos lentos y en medio de murmullos del hecho, llegaron a lo que hoy forma parte de su última morada, un nicho con tres floreros, un vaso pequeño de agua, llena de insectos minúsculos que resguardan el cuerpo aún fresco, se dice.

Pasaron tres meses desde que los familiares de las víctimas de Siñahua acompañaron de lejos su entierro en medio de la impotencia y desesperación, quienes de igual forma prepararon las respectivas mesas esperando que la justicia divina se haga cargo de Siñahua; recordaron un entierro lleno de llanto, desesperación y protesta con pancartas que titulaban: Marcelo Siñahua, ¡Asesino!; ¡Justicia para las víctimas de Villa Tunari!, entre otros.

Con las flores contenidas en los respectivos floreros y un vaso de agua, queda viva la sed de justicia, ya que pese a darle una apariencia más agradable con una fachada no muy costosa, se pueden observar las palabras; Marcelo Siñahua, fallecido el 02 de agosto de 2015, Q.E.P.D., entre varias líneas que quisieron borrar estas palabras, presumiblemente por los familiares de las tres víctimas.

Pasaron tres meses desde ese fatídico día en que la tumba de Siñahua y sus alrededores, en lugar de llenarse de flores se llenaron de pedazos o restos de pancartas blancas y amarillas completamente rotas, pero que aún alcanzaban a leerse las palabras: asesino, justicia, Siñahua y Villa Tunari.

Vanos fueron los intentos del equipo paramédico del Hospital Obrero, quienes por siete días intentaron mantener  con vida al sargento Marcelo Siñahua, funcionario de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) quien aproximadamente a las 19 horas del domingo 26 de julio, ingresó al lugar con diagnostico reservado.

“El proyectil dañó severamente lugares importantes del cerebro, pero que no son vitales. Ingresó por el lado izquierdo, la región parietal, y salió por el otro lado, lo atravesó completamente y en todo el trayecto tiene destruido el tejido cerebral, tiene sangrado, tiene restos de hueso y seguramente hay infección”, informaba el neurocirujano  Álvaro Luna, del Hospital Obrero a los medios.

El informe preliminar de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de El Alto daba cuenta del delito de triple homicidio presuntamente perpetrado por el sargento Siñahua, quien luego de cometer el delito con su arma reglamentaria 9mm se disparó en la cien para intentar quitarse la vida, calificándose el hecho como una muerte anunciada; sin bien no murió en el momento, hubo varios órganos comprometidos que lo llevaron a la muerte después de una semana.

El domingo 26 de julio, tres días después del día del amor y la amistad, será recordado por los vecinos de la calle 21 de la zona Villa Tunari, Distrito 5 de la ciudad de El Alto como un día amargo, ya que este día dos parejas se pusieron a compartir bebidas alcohólicas desde tempranas horas; influidos por el alcohol, discutieron al punto que uno de ellos, Marcelo Siñahua, sacó de la mochila su pistola reglamentaria y disparó primero a Adriana Tapia de 28 años, su novia; luego a Jorge Arratia de 35 y finalmente a Tania Huayta de 30 años, éstos dos esposos, quienes murieron al instante por la serie de disparos.

Las razones?, en el informe preliminar de la FELCC se afirma que el motivo del triple asesinato se debe a motivos pasionales, mientras los vecinos del lugar se limitan a describir el hecho en si:  “estaba cocinando y a eso de las dos y media escuché como cohetillo unas cinco o seis veces.  Se escuchó el grito de una mujer: ‘¡No, no!’, y se calló de repente. Mi esposo dijo ‘ésos no son cohetillos, son balas’, relató uno de los vecinos a medios locales, en medio del susto y la consternación.

A tres meses de la muerte del sargento Siñahua, ya nadie habla del tema, cuando la FELCC había informado días después del incidente que el trágico hecho estaba en proceso investigación, sin embargo no se dio a conocer el informe final.

En consulta a sus amigos y camaradas uno de ellos, dijo “la historia de Siñahua en laaarga” sin querer brindar más datos, pero que el crimen fue anunciado con anticipación, ya que Siñahua afirmó que en pocos días estaba por hacer algo y que la única responsable sería Adriana Tapia con quien recientemente había emprendido una relación amorosa, luego que hace tres años se separó de su esposa.

Sobre el hecho en si, otro de sus camaradas afirma que la novia (Tapia) fue hallada en el baño con Arratia, por eso la reacción de Siñahua; hecho que de alguna forma corrobora el informe preliminar de la FELCC en sentido que la primera víctima fue Adriana Tapia y su cuerpo se encontraba en el baño, las demás víctimas intentaron escapar sin poder lograrlo, por eso los cuerpos muertos dispersados.

Lo que ocurrió en verdad, nadie lo sabe ni lo sabrá, ya que él único testigo del hecho terminó muriendo no por la bala sino por los órganos comprometidos, queda en el aire que el suceso se dio aproximadamente a las 14 horas del día domingo 26 de julio, y la FELCC llegó al lugar a las 18 horas; Siñahua aún con signos vitales fue trasladado desde Villa Tunari-El Alto hasta la zona Miraflores-La Paz como si El Alto no contará con centros hospitalarios.

Finalmente queda en el aire el pedido de justicia de los familiares de Tapia, Arratia y Huayta ya que el único presunto autor del hecho yace en su tumba tres meses al igual que sus víctimas, no murió junto con ellos, pero se encontraba en un coma profundo conectado a un respirador artificial, no resistió mas y murió el mismo día que sus víctimas, una semana después.

Esperanza Calle

 

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